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Gustavo Salas y una reflexión de músico: “Cada vez más rápido, cada vez más fugaz…”

Uno de los músicos con más escenario se llama Gustavo Salas. Hombre de miles de pubs ha hecho bailar a una generación… pero hoy todo es distinto y así lo cuenta, en primera persona.

Facebook hoy me recuerda lo lindo que era “tocar” antes.

Me recuerda la gente que en aquel tiempo iba a ver un show y no a esperar a que éste termine para empezar el ritual danzante de los que solo van a cazar (¿se entiende, no?)

Claro esta que algunos pueden verlo de la siguiente manera: “Tocás media hora y listo; cobrás y punto”. Pues, a mi me gusta tocar, cantar, interactuar con la gente. Tocar de todo y para todos…. como se hacía antes. No me siento preparado aun para hacer poco más de media hora de show y sé que esto se puede interpretar de muchas maneras.

gustavo salas
gustavo salas

Generalmente pasamos mucho tiempo, muchas horas del día y algunas noches de primeros días de semana, preparándonos para mostrar lo que hacemos y suena injusto que todo eso no quepa en poco más de media hora de show… y es lo que hay.

Está bien: los formatos han ido cambiando; hoy todo debe consumirse rápidamente; tan rápido que, a veces, pienso que a los que asisten no les queda nada de lo que hacés o sos como artista.

Cada vez más rápido, cada vez más fugaz…

Cada vez nos queda menos de todo a todos.

Recuerdo que antes -mucho antes, allá por los 90- el ritual o la preparación para presentar un show era todo un acontecimiento para nosotros, los músicos. Y no digo que hoy no sea así. Solo quiero recordar esto, y me refiero a los pubs de aquellos tiempos. Empezabas a mediados de semana a pactar con el flete para llevar los equipos, el chofer llevaba a algún “asistente” para que nos diera una mano, y esto conlleva -a que de alguna manera había- más gente involucrada. Todos empezábamos a “ajustarnos a un solo plan” porque había show el finde.

A eso de las 16 empezaba el viaje. La banda se movía para la prueba de sonido. Tipo 17 estabas poniendo a punto todo en el pub. Terminada la prueba, chofer y asistente se iban a casa y solo les restaba esperar a la hora pactada para regresar al pub a buscar los equipos. Y nosotros hacíamos lo propio: a casa, con el cosquilleo en el estómago con el que convivíamos hasta antes de llegar a la puerta del pub, a eso de las 23.30 con la ansiedad de verle las caras a quienes, por aquel entonces, solo querían ver y escuchar una banda en vivo.

Imaginarás lo que eso significa hoy para mí. El valor que le he dado por siempre a esas caras que aun recuerdo y de las que de alguna manera hoy somos viejos conocidos… Amigos si se quiere.

Antes, lo mínimo era tocar dos horas y ver a todos cantando cada canción, de cualquier autor (porque antes era más abierta la cabeza) era como que necesitábamos cantar todo. Hoy si no tocás un hit de la radio estas perdido (ni hablar de los estilos).

Antes una de Serú Girán, Miguel Mateos, Fito Páez, Charly, GIT, Porchetto, Gieco, Tanguito, Dúo Fantasía, Sui Generis, Los Argentinos, Fricción… qué se yo, tanta música… era el perfecto plan para pasar una noche larga, en donde no solo había música en vivo sino amigos, chicas, chicos…

De ahí, recuerdo ir al Ebano o Lyon a encontrar -digamos- la sobremesa, la antesala del descanso o bien el momento de irte “por ahí” a esperar “acompañado” el nuevo día.

Ese folclore, ese romanticismo por así llamarle, ya no existe amigos.

Y es una puta pena… de verdad lo digo. Porque lo que por suerte me ha tocado, el seguir aun rodando, me lleva a vivir lo que hoy sucede en cambio. Y me da un poco de pena porque ya no importa.

El asunto es que si me preguntás, a mi me encanta tocar para la gente que aun quiere ir a ver y escuchar una banda. Si me preguntás, me encanta dejar hasta la última energía sobre el escenario durante 2 horas de show. Si me preguntás, hasta me compraría un DeLoreans e intentaría fabricar la maquina del tiempo con un par de locos amigos que tienen las mismas ganas que yo de irnos hacia aquel tiempo.

Si me preguntas, me gusta seguir viviendo de la música. Llevo más de 30 años haciéndolo y tengo la sensación de que cada vez es más corto todo, más fugaz.

Y no es la edad lo que me hace ver las cosas así.

Sé a que hora voy, cuanto tiempo estoy, y a que hora me vengo. Aun tengo las fibras limpias al tacto y mas allá de toda nostalgia, no se trata de aceptar lo que se lleva el tiempo sino de lo que, en este caso, ese tiempo nos dejó.

Y al respecto diré que me dejó un regalo imborrable, una huella en el alma, una marca en las alas con las que vuelo. Unos cuantos besos indelebles y mucho que aun no logro describir.

Mirá vos para donde me llevó el “recuerdo de Facebook”…

La pucha che!!!

Por Gustavo Salas