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Lo que mata es la humedad

Tantas veces lo vimos como algo tan lejano y seguros que nunca nos iba a ocurrir; y aquí estamos, experimentando todos los cambios de humor que una sensación térmica nos puede causar.

Creo que es un daño -uno más- pero colateral lo que nos hace sentir el cambio climático que estamos sufriendo. Para algunos científicos, lo del “cambio climático” es la gran mentira de los medios de comunicación y los políticos. Algunos argumentan que todo el clima se vuelve “ciclotímico” y que los tornados, tormentas, calores insoportables y fríos intensos ya pasaron en otros tiempos. Que nada es nuevo bajo el sol.

Ustedes se preguntarán de qué nos sirve saber que pasaron miles de años o cientos de años atrás si lo vivimos ahora y nuestro humor cambia ahora.

Humedad en Mendoza, ¿quién lo diría? Tierra árida, seca, la del sol y del buen vino, se nos muestra ahora sudorosa y pegajosa. La gente en la calle ya no te dice “qué calor” sino dice “qué humedad de porquería”. En las mañanas, las plegarias son eternas mientras nos vestimos y sentimos cómo se va pegando la ropa. No la soportamos porque es tan extraña a nuestras costumbres que se nos hace complicado tratarla.

Si no hay ventilador que aguante, ¿qué hacemos? Le sumamos el aire acondicionado, por más que ya sabemos que la factura de la luz vendrá con la suma triplicada. Lo que sea… estamos dispuestos a hacer lo que sea para que vuelva el zonda y destierre a estos días pitiñosos, ambiguos, confusos, que por momentos amenazan con la madre de las tormentas y luego, al ver que no pasa nada, solo sale un sol que nos calienta.

Humedad y mosquitos, la peor de las plagas que nos toca vivir por estos días. Insectos inmunes al humo del espiral (ese que pusimos convenciéndonos de que “total, no es tanto el olor que deja…”) y nos atacan por todos lados. Bastan unos segundos y tres o cuatro se hacen con nuestra sangre un banquete. No hay manera de estar cómodos así, todos transpirados y picándonos todo el cuerpo todo el tiempo. Hasta los que nunca transpiraron ahora sienten su camiseta mojada pegada a la piel. Sin esfuerzo, no es justo.

No nos merecemos esto. No estamos preparados. Entonces, nos idiotizamos, andamos mal dormidos, saludamos de compromiso, si alguien nos intenta abrazar, mostramos lo peor de la humanidad. El bondi, los asientos, los vidrios, las manos, todo pegajoso. Si vamos a algún lugar, nos aseguramos de que tenga aire o ventilador para confirmar su presencia. Cargamos la mañana desde bien temprano con todo lo que hay que hacer del día para no salir en la tarde.

Hasta pensamos cambiar de look y cortarnos el pelo y que el color de la ropa sea siempre el negro.

“Lo que mata es la humedad” tiene su significado y tal vez un médico, que no les cobre la consulta, se los pueda explicar. Lo cierto es que nuestro organismo tiene como defensa transpirar para regular la temperatura del cuerpo, pero si hace calor el sudor queda en el cuerpo y eso lo vuelve sofocante y agobiante. A mí no me interesa, solo quiero que pase.
Un espanto que nadie nos avisó, y peor aún, nadie sabe cuándo pasará, hasta cuándo soportaremos la humedad que mata y que dan ganas de decir ¡basta!

Igual, ya sabemos quién tiene la culpa…