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Los Reyunos, un lugar en el mundo

Descansar unos días esquivándole a la rutina es uno de los momentos más placenteros para cualquier habitante que se digne de pisar el suelo de este bendito país. San Rafael ofrece uno de los mejores lugares: Dique Los Reyunos para visitar y para, siempre, volver.

Si algo se me complica cuando elijo la lectura para llevar de vacaciones es lograr completarla. Ya sea el mar o -en este caso- un lago y la montaña, quedo absorta mirando el paisaje que me rodea todo el tiempo. Una limpieza mental tan reparadora como recomendada. Además, de una manera elegante de excusarme que, también, me gusta observar a los que vacacionan como una radiografía de un momento especial.

El lugar donde estoy está buenísimo: es un gran predio que comprende un apart hotel (que recomiendo); tres casas, enormes y equipadas con todo, para ir en grupo o familia numerosa; un hostel; un restaurante con muy rica comida y precios accesibles (platos que van de los $4.300 hasta los $8.000); un parque, quinchos, churrasqueras disponibles, estacionamiento y, lo más importante, una pileta que juega con la idea que descansa en el lago y así un juego óptico para la foto mágica a la hora mágica.

Desde cualquier punto, ya sea del balcón de las habitaciones, desde las casas o desde el parque y comedor, la vista es maravillosa y protagonista absoluta que atrapa las miradas, hincha el alma, relaja la mente y hace que la paga por la estadía ($50.000 para dos personas por día) valga la pena.

La mayoría que llega a ese lugar lo hace por recomendación y muchos vuelven porque el lugar es tranquilo y absolutamente familiar. Parejas enamoradas que salen de su habitación solo para darse un chapuzón sin ganas de interactuar con nadie; matrimonios jóvenes que llegan de Buenos Aires (como el papá de Cata que no es experto en vinos y la mamá que directamente no lo bebe); o la familia de cuatro, también de Buenos Aires, que saludaran sin preguntar mucho y van de aquí para allá con el nene de 13 y la nena de 10.

Según el momento del día podemos elegir el horario de la pileta. A la mañana, temprano, un grupo de mujeres puede charlar mientras sus parejas caminan como inspeccionando el lugar. Un encuentro de gente que hablan de nietos que extrañan. Al mediodía llegarán las integrantes del “Club del Flota Flota” comandado por Uma, Ema y Delfi que harán todas las piruetas antes de la siesta. Luego, parejas amigas sin hijos llegarán con sus cuerpos blancos para conversar a la sombra y conservar la palidez que solo la cubre algunos tatuajes. Un guardavidas discreto será quien, bajo una sombrilla, observe (convirtiéndose en mi competidor directo) lo que pasa hasta las 20 en ese reducto acuoso. Las mujeres contarán las veces que probarán el agua porque estarán más cómodas desde la reposera cumpliendo el rol de, literalmente, “guardavida” y de gesto superador verán como el padre de sus hijos juega en el agua y se divierte con “las bendis” que supieron conseguir. Otras preparan el mate y si hace frío tejerán crochet.

Y para completar el paisaje, las nubes se forman y corren todo el tiempo dejando ver por largos periodos un cielo tan azul como intenso.

Generalmente no hay tormentas, solo el aire fresco ideal a la noche y alguna llovizna tan ocasional que desubica. Sin saber de meteorología podremos pronosticar como las nubes se forman y se marchan para desatar la tormenta más allá, en la ciudad, a 35 km de donde estamos.

Hay para hacer tirolesa y paseo en catamarán ($6.000 pesos por persona); y para los que no se animan podrán mirar todo el tiempo y desde cualquier lugar. Para los clásicos, la caminata matinal a la montaña y el dique es una buena actividad.

Hay parador para tomar unas cervezas, proveeduría para comprar sandwichitos y el recuerdo del lugar.

La gente es amable pero no lo suficiente como para tratar con turistas todo el tiempo. Se recibe transferencia y tarjeta para pagar.

No hay vendedores ambulantes ni de empanadas ni de remeras. Un informador turístico y unos jóvenes te reciben con folletos, unos metros antes de llegar.

Si venís sin auto, el micro -que pasa por la puerta- te lleva a la ciudad a las 10, 14 y 20 horas.

Tal vez dependa de las ganas, de la compañía y de la economía para hacer de unas vacaciones un buen momento, pero Los Reyunos tiene todo listo para ser “el lugar en el mundo” de cualquier mortal que tenga ganas de descansar y disfrutar.